Inmersión temprana: por qué los 3-10 años son clave
Entre los 3 y los 10 años el cerebro de un niño está especialmente abierto a los sonidos del lenguaje. No hace falta forzar gramática: basta con exponerlo de forma regular, cálida y significativa.
El oído primero, las reglas después
Antes de leer o escribir, los peques aprenden a discriminar sonidos. Por eso en la ludoteca cantamos, jugamos a rimar y repetimos estructuras simples todos los días.
Sin presión, sin notas
No corregimos cuando un peque mezcla idiomas — eso es señal de que su cerebro está haciendo el trabajo. Acompañamos, modelamos y celebramos cada pequeño avance.
